Hola Ana, en primer lugar, disculpas por no contestar rápido, quería revisar mis cuadernos de los seminarios que, por supuesto, postergué y fui mezquina a tu necesidad...
¡Wow! Me acuerdo de mi primer seminario de Prosperidad y Abundancia, creo que fue uno de los más fuertes para mí, por no decir el más fuerte... lo hice un 20 de junio, y el 22 me separé. Me quedaron picando las preguntas: ¿Qué tenés? ¿Te gusta lo que tenés? ¿Hasta cuándo lo querés tener? Esto relacionado con: Si no limpias la energía negativa, lo que no te sirve en tu casa, no llega lo nuevo...
También allí descubrí el poder de la víctima, en la situación que tuve con Silvina que, a su vez, era la misma que vivía con mi ex marido en casa.
Mis creencias: nací para trabajar y ganar el pan con el sudor de mi frente, todo lo que tengo tiene que ser por el esfuerzo de mi trabajo, con un simple trabajo no puedo hacer tanto dinero, porque el que trabaja honestamente nunca será rico.
Mi idea sobre el dinero: quería creer que era un simple papel, no darle importancia.
Aprendí a hacer limpieza en mi casa, sacar la ropa que no usaba hacía más de un año, limpiar papeles, etc. Esto lo sigo haciendo hasta el día de hoy.
Una de mis visualizaciones fue: la casa del dinero era chiquita (ohhh), tipo campanario, que flotaba en el agua donde había juncos, era marrón oscuro (color que no me gusta). El lugar donde estaba el tesoro era la popa de un barco con mucho vidrio, el tesoro estaba afuera, había mesas con candelabros de oro, velas prendidas. Lo que me llevé fueron cinco o seis candelabros. Afuera había un pájaro, el que me recibió, y me despidió diciendo: “Eso es tuyo, cuídalo”.
En el primer seminario de Prosperidad, el que me recibía era: ¡TERMINATOR! Me acuerdo que mi hijo, tiempo después, me dibujó lo mismo (aahh)...
Ahora, ya he viajado dos veces a Italia, he tomado cursos de perfeccionamiento en mi profesión. Amplié mi peluquería e instalé una escuela para formar profesionales.
Quiero decirte que te agradezco de todo corazón todo lo aprendido con vos... ¡¡¡Graciasssssssssssssssssss Ana!!!
Con respecto al mapa, se me cumplió el 80 %... Cuando escribí mis metas cambié la palabra comprar por tener, porque siempre tengo que comprarme yo las cosas. También me pueden llegar, y así fue: tengo la computadora y el equipo (mapa) que me regaló mi madre, CDs que me regalaron y tantas cosas más que me fueron llegando sin comprar. Sabés que cuando hice el mapa puse unas figuras de perros y gatos que tenían corazones y flores, y después llegó la perra; me di cuenta de eso más tarde, y entonces pensé en aquello que dijiste una vez: ‘Hay que pedir, pero con detalles, sabiendo qué hacer después con lo que se pide, hacerse cargo’ (ahora no sé qué hacer con la perra, estoy buscándole lugar).
Cosas que logré: tener aspiradora, computadora, equipo, cds, valija, hacer la exposición, aprender tango, teatro, danza, otro teléfono, hacer mi jardín, pintar mi casa, marketing del negocio (propaganda por radio), CARTELLLLLLLL para la peluquería, que me daba pudor colocar; ocuparme de mí: chequeo, dentista, limpieza de cutis, meditación, amor, contacto, mejor relación con mis hijos.
Una anécdota: cuando salí de mi primer seminario de Prosperidad, al otro día, llamé al arquitecto, que me había remodelado la peluquería, y estaba feliz con ella. Jamás le había agradecido su creatividad y lo bien que había quedado, sino que mi exigencia veía sólo lo que faltaba, entonces le dije: “Sólo llamaba para agradecerte el trabajo fantástico que hiciste en mi salón, nunca te agradecí y realmente me siento muy feliz trabajando así”. Después de su saludo: “¿Qué pasa, ahora... Stella?” No lo podía creer, quedó mudo y me dijo: “Gracias, no sabés lo bien que me hacés en este momento que estoy haciendo trabajos complicados y nadie agradece el esfuerzo y la dedicación que yo y mi equipo estamos poniendo; la verdad, no lo esperaba”. Allí sentí, una vez más, la felicidad de dar, porque a mí se me infló el corazón, con esta pequeñez.
Otra cosa importante: descubrir mi omnipotencia detrás de la vergüenza que me daba vender, ofrecer los productos; ni hablar de mi escasez y mezquindad.
Un beso, Ana, y suerte con tu nuevo libro. Me encantó que me hayas pedido colaborar para tu proyecto y, demás está decirte, refresqué tantas cosas que me ponen también pilas... Gracias por tu propuesta, fue muy bueno anoche para mí.”

(Stella, peluquera)