Cuando tomé el primero, creo que no me daba mucha cuenta acerca de qué se trataba esto... para mí, la prosperidad era una cosa de suerte, o de esfuerzo y algo de suerte. Yo, suerte, muy poca, y esfuerzo, también poco. Pese a todo me va bien, soy una persona inteligente... ¿¿¿Para qué un seminario de Prosperidad???
Lo más impactante fue descubrir cuán egoísta soy, cuántas cosas acumulo, guardo, retengo y no comparto. Y lo peor, tampoco las disfruto. Lo vi claramente en el ejercicio de limpiar los cajones, el placard, la mesita de luz; tantas cosas guardadas que no uso, y que no me dejan espacio para las nuevas. Y con los sentimientos, ¿pasará lo mismo?
Y si, resultó. Luego de la limpieza, me sentí más liviana, más alegre, y abierta a posibilidades. Empecé a pensar de forma diferente. Existían otras maneras de ver y cuánto mejores que la que yo tenía.
Puse en práctica no quejarme en mi trabajo y el resultado fue bueno: a los pocos meses me asignaron otras tareas, y un grupo nuevo de gente y, por supuesto, con un aumento de sueldo (un 30 %). Con mis refunfuños permanentes anteriores, hubiera sido difícil. Y agradecí por ell.
”En mi Mapa, entre otras cosas, puse viajes, al Caribe (fui), a Nueva York (fui), a Machu Pichu (fui), puse viajes por trabajo y fui a España y a Hungría...
También coloqué cosas que quería renovar, como el televisor y la heladera... Y lo principal es que logré cambiar mi actitud... ya tengo televisor nuevo, grande y hermoso, y regalé el pequeño, y con ello hice un poquito más feliz a alguien.”
(Susana, Lic. en Economía)